
Yevgeny Prigozhin vuelve al Kremlin.

Todos habían pensado que la bestia se había revelado contra su amo. Muchos temían el enfrentamiento de Prigozhin contra Putin pero al par ver nunca hubo algo de que preocuparse ya que fuentes cercanas dicen que solo cinco días después de su “levantamiento” el líder del grupo Wagner volvió a San Petersburgo.
Lo cierto es que estuvo allí, en uno de los grandes salones en una reunión inédita, Prigozhin junto a 35 de sus comandantes de los mercenarios del Grupo Wagner en un mano a mano con Putin. En su descripción de la reunión, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, sugirió que tuvo lugar una discusión civilizada, en la que ambas partes dieron su versión de los recientes acontecimientos, en lugar de que Putin diera al líder de Wagner una severa reprimenda por la fallida revuelta. “Se desconocen los detalles de la reunión. Pero el presidente dio su evaluación del batallón en términos de la operación militar especial [en Ucrania] y también dio su evaluación de los acontecimientos del 24 de junio”, dijo Peskov.
Y añadió: “Putin escuchó las explicaciones de los comandantes y sugirió otras opciones de empleo y su uso en combate. Los propios comandantes expusieron su versión de lo ocurrido”. También reafirmó la versión anterior del Kremlin de que las críticas de Prigozhin y los demás comandantes no iban dirigidas al propio Putin, sino a la conducción general de la guerra por parte de la cúpula del Ejército. “Subrayaron que son firmes partidarios y soldados del jefe del Gobierno y comandante supremo [Putin] y dijeron que están dispuestos a luchar por la patria”, dijo Peskov.
Prigozhin levantó a sus mercenarios de los cuarteles y el frente ucraniano y armó un enorme convoy que cruzó a territorio ruso y se dirigió a la ciudad de Rostov-on-Don. Allí entró sin ninguna resistencia al cuartel del comando sur del ministerio de Defensa y ordenó al convoy con sus mercenarios continuar hasta Moscú en un avance a gran velocidad por la autopista M4. A la mitad de camino y a unos 600 km de la capital, se enfrentaron con la aviación rusa resultando en el derribo de un avión de transporte y tres helicópteros con decenas de soldados a bordo.
Supuestamente, Prigozhin protagonizó este levantamiento para amedrentar al ministro de Defensa, Sergei Shoigu, que quería que esa misma semana todos los mercenarios de Wagner pasaran a las filas del ejército regular y terminar con los contratos que tenía el “chef de Putin” para seguir interviniendo en la invasión a Ucrania. Aseguró en una serie de videos que subió en esas horas a las redes sociales que el motín no era contra Putin sino contra Shoigu y sus generales a quienes acusa del mal manejo de la guerra. Fue cuando apareció el dictador de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, informando que había logrado un acuerdo para que Putin no matara a Prigozhin y que éste y sus hombres permanecerían en una suerte de exilio en su país y bajo su protección.
Una semana más tarde, el mismo Lukashenko anunció que Prigozhin ya no estaba en Bielorrusia y que había regresado a Rusia. Ahora sabemos que hacía cuatro días que se había ido y que había mantenido una cumbre de tres horas con Putin. Lukashenko sugirió en ese encuentro con los periodistas que Putin podría sentir más empatía por Prigozhin de lo que habían dejado entrever sus declaraciones públicas iniciales sobre la revuelta.
“Tenían una relación muy buena entre ellos. Quizá incluso más que amable”, dijo Lukashenko. “Una cosa es hablar al mundo y otra muy distinta lo que sientes por dentro”.



