Un nuevo peligro al acecho

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El grupo Wagner busca tomar Moscú.

La relación entre Vladimir Putin y Yevgeny Prigozhin siempre fue buena, el mercenario le daba un ejército sanguinario al presidente y esté le daba carta verde para el grupo Wagner.

Pero lo que nunca imagino Putin es que su propio hombre se levantara en su contra. La paciencia del líder del grupo Wagner llegó a su fin, en el momento en el que a Prigozhin ya no le alcanzaron los videos denunciando a Shoigu y otros generales de no proveerle las municiones necesarias para el asalto a la ciudad ucraniana de Bakhmut o diciendo que los helicópteros del ejército disparaban contra sus propias fuerzas. Se lanzó con toda la furia hacia el enemigo que antes le había señalado su amo y contra su amo también.

Hasta hace unos días todos en el poder ruso pensaban que Prigozhin jamás hablaba por él mismo, sino que siempre decía lo que su jefe quería que dijera. “No me cabe duda de que todas las actividades de Prigozhin están coordinadas con el hombre de arriba (por Putin). Las cosas que se permite decir -todas esas declaraciones dirigidas a la cúpula del Ministerio de Defensa y a las élites rusas en general- indican no que esté jugando con sus propias reglas sino que, por el contrario, todo está coordinado. En nuestro país, ese tipo de payasadas se resuelven muy rápidamente si no cuentan con la aprobación del número uno”, le dijo unas horas antes del comienzo de la rebelión a la publicación rusa independiente Meduza un ex oficial de inteligencia que conoce a Putin de cuando ambos se desempeñaban como agentes de la KGB en Berlín Oriental.

Evidentemente sucedió algo en el camino. La explicación más simple es que no pudo aguantar las provocaciones de la camarilla militar y como un bisonte se lanzó a contratacar. Hay elementos para apuntalar esta visión. Prigozhin no es ningún intelectual que pueda analizar fríamente sus acciones. Se trata de un hombre que pasó una buena parte de su vida en algunas de las cárceles más duras de la ex Unión Soviética y que formó parte de la mafia de San Petersburgo.

El viernes decidió irse a trompear con los comandantes que están en los cuarteles y el ministerio de Defensa en Moscú. Dijo que era porque ellos habían ordenado un ataque contra uno de los cuarteles de la Wagner en Ucrania, matando a decenas de sus mercenarios. Incluso mostró un lugar boscoso con varios cuerpos de uniformados en un video que envió por las redes sociales. Ordenó a sus combatientes que empacaran y se dirigió en un enorme convoy rumbo a Rostov-on-Don, la ciudad rusa de 1,1 millones de habitantes, por donde pasa la autopista M4 que lleva a Moscú.

Putin dijo anoche que había sido “una puñalada por la espalda”. En la madrugada primero tomó el cuartel del ministerio de Defensa en el centro de Rostov-on-Don (a 1.200 kilómetros de Moscú) y después se lo vio en un video coordinando acciones con los comandantes regulares del ejército en ese lugar.

A partir de ese momento, todo fue confuso y se sucedieron las acciones. Por un lado, hay una columna del Grupo Wagner que continúa avanzando hacia Moscú y ya llegó a Voronezh, a mitad de camino de la capital. En ese trayecto se registraron combates y hubo ataques por parte de helicópteros.

Por otra parte, hay una columna de mercenarios chechenos a las órdenes de Ramzan Kadyrov, el “carnicero de Grozny”, que se aproximan a Rostov-on-Don, supuestamente para reprimir a los Wagner. Otros hablan de que se van a unir a ellos.

También hay rumores de que Putin dejó Moscú para refugiarse en San Petersburgo. De Shoigu no se sabe nada. Todo es muy dinámico. A Putin se le escapó la bestia que él creía haber entrenado a la perfección para cumplir con sus deseos y que en este momento está suelto y furioso.

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