
En internet se ha generado un gran furor por las diferentes imágenes que el flamante telescopio está entregando. En el medio de ese frenesí, un baño de realidad sobre una de las grandes añoranzas de la humanidad.

Se trata del telescopio más imponente jamás construido por la civilización humana y permitirá adelantar años y años de los conocimientos que existen sobre el universo. Sus primeras fotos son increíbles y permitió a una gran cantidad de hombres y mujeres entender, por fin, la inmesidad del cosmos. Pero, una vez más, hay que remarcar por qué es tan difícil «toparnos» con seres parecidos a los que hay en la tierra.
La cantidad de planetas habitables es cada día más amplia, de acuerdo a los descubrimientos que se van realizando. ¿Hay vida en alguno de ellos? Es una pregunta constante de la humanidad, desde tiempos ancestrales. Y, lógicamente, aun no ha sido confirmada. Pero se presume que es muy posible.
El telescopio James Webb quizá pueda, entre su máximo potencial, descubrir que hay seres vivos en otro planeta. Pero no observará a una civilización. La primera foto del gran aparato observó cómo era un cúmulo de galaxias… pero hace 4600 millones de años atrás. Es lo que tardó la luz en llegar a nosotros. Literalmente, miramos el pasado. Quizá el universo está diseñado así, para que nunca nos encontremos en espacio-tiempo. La realidad es que no estamos solos en espacio tan inmenso. Sólo estamos lejos.




