
Si bien la crisis ha sido el principal detonante, sobre todo en los últimos 20 años, los números también se deben a los cambios de alimentación en buena parte de la población.

El indicador de 47,8 kilos per cápita no es un número más a la hora de hablar del consumo de carne en la Argentina. Resulta que es el número más bajo en más de 100 años: no se registraba una marca así desde 1920. Fácilmente se puede señalar a la crisis económica como la causa única, pero lo cierto es que hay una serie de factores.
El bajo poder adquisitivo de gran parte de los ciudadanos es, indefectiblemente, una razón muy importante. Es cierto que el país es «bastante carnívoro» es sus costumbres y el asado es casi religión para muchas familias, pero ese hábito se ha ido modificando, al menos en cantidad, debido a la inflación.
Pero no sólo se trata del mal momento económico que los argentinos pasan desde hace décadas. Los números también obedecen a los cambios que muchos han optado por hacer en su alimentación, movilizados por otro acceso a la información y el deseo de mejorar su salud. A su vez, la aparición de muchos productos que sustituyen a la carne en almuerzos o cenas también tienen su tajada del pastel de indicadores.



