¡VENI A DISFRUTAR DE LA INTOLERANCIA!

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Oraj Aple 🍎 nos trae en esta oportunidad una fabula que nos ayuda a reflexionar sobre el terreno que cada vez pierde en nuestro días «LA TOLERANCIA» , esta fabula trata de una ciudad donde la intolerancia es ley promete armonía, pero termina sofocando la libertad. Una fábula irónica que revela el absurdo de rechazar la diversidad.

¡VENI A DISFRUTAR DE LA INTOLERANCIA!

Esta es la historia de Pablo, un treintañero recién divorciado, que trabaja como empelado estatal a cambio de un magro sueldo que cobra en criptocanje, una rara pero habitual manera de pagarle a los empleados estatales en este presente año 2035. Pablo se desempeña en atención al público en el sector de reclamos gratuitos, porque hay otro sector en el que hay que pagar un pequeño canon para reclamar alguna deficiencia del estado, claramente en este último sector que no es el de Pablo, los reclamos en un porcentaje mayor son escuchados dado que tienen un costo de inicio, que no significa que sean solucionados, solo tienen un trato diferencial.

Es finales de setiembre del 2035, el crudo frio del cada vez más largo invierno empieza a mermar lentamente y la rutina diaria a esta altura del año le pide a Pablo una pausa, un descanso de al menos un par de días para desconectar de tanta gente atendida y reclamos sin solución.

Es martes, son pasadas las 14 horas y Pablo llega un poco cansado de la jornada laboral a su departamento de soltero nuevo, que no es lo mismo que departamento nuevo de soltero (chiste de recién separado); al abrir la puerta se encuentra debajo de la misma con una especie de tarjeta con una gran leyenda que dice “Invitación especial” y una pequeña nota adjunta, muy bien doblada que dice, “esto es ideal para vos”, firmado “tu vecino del cuarto”.

La sorpresa lo embarga a Pablo de una manera inexplicable con este gesto de Hernán, su vecino del 4°.

Es bueno  aclarar que Pablo vive en un pequeño complejo de departamentos , en el que no son muchos sus habitantes,  dicho  complejo  consta en planta baja de dos locales comerciales, una dietética que vende muy poco y se salva de no cerrar por la venta de tarjetas de estacionamiento y la recarga de celulares, de dietética poco y nada; y el otro local que es una casa de préstamos personales en  donde un pseudo prestamista cada vez tiene más visitantes que vienen a canjear por dólares cabeza chica todo tipo de cuasi monedas y  criptos raras que están  en curso por estos días; ademas hay en planta baja dos  departamentos el 1° y el 2° en el  que viven una señora viuda con su  hijo  adolescente y en el  otro una  joven  estudiante de derecho; en el  primer y último piso, hay solo 2  departamentos,  el que habita Pablo el 3° y el  4° que ocupa Hernán un empleado  de comercio cuarentón que vive solo y que trabaja  bajo la novedosa modalidad de laboral comercial llamada home comerce working, básicamente lo que hace es de lunes a miércoles vender on-line desde su departamento electrodomésticos de origen chino y los días jueves y viernes entrega los productos en el local de su jefe a cambio  de una mínima comisión y algún que otro canje también de origen chino.

En el poco tiempo que Pablo vive aquí, jamás había padecido a alguien tan   apático y desconsiderado con todo y con todos como lo es Hernán, su vecino del 4°; esta calificación que en principio corría por cuenta de Pablo, pero a medida que transcurría su convivencia en el complejo de departamentos fue ganando adeptos, dada la acumulación de incidentes de prácticamente todos en el complejo con Hernán.

Por solo nombrar las más recientes actitudes de su vecino del 4°, el pasado viernes por la tarde, se escuchó claramente en todo el complejo, la discusión que Hernán tuvo con la joven Andrea, estudiante del 2° porque el pequeño gatito que la joven tiene como mascota le había roto una bolsa de residuos que el mismo Hernán había dejado mal cerrada y en el pasillo afuera del departamento y no en el canasto que hay en la vereda como corresponde.

  • ¡Nena! ese vicho feo y peludo que parece que lo tenés mal alimentado porque que viene a comer lo que me sobra y mira el desastre que hizo. ¡Exijo que limpies inmediatamente el umbral de mi puerta!

Fue tan efusiva la exigencia que le propinó Hernán a Andrea y a “pelusa” su traviesa mascota, a lo que la joven espontáneamente respondió:

  • Mirá, para mí no es fácil vivir sola y prefiero a pelusa y sus dulces travesuras que son la mejor compañía en esta amarga soledad como la que debes tener vos que dejas la basura en cualquier lado.

Hernán respondió llevándose el índice de la mano derecha a la altura de la sien en un claro gesto de locura hacia Andrea.

Con la pobre Isabel del 1° se trenzó el sábado en la mañana, esta vez porque su hijo adolescente se queda hasta larga horas de la noche jugando en línea por dinero, haciendo trading y ademas es Youtuber, lo que molestaba a Hernán, dado que las ventanas de sus respectivos dormitorios estaban orientadas al mismo punto cardinal y el ruido sumado al el tono de las charlas del joven no lo dejaban dormir.

— Le pido señora que haga bien el papel de madre y eduque a este hijo que tiene, en cómo comportarse en la vida y con los demás, sino el futuro que le espera no le será muy digno— así interpelo Hernán a Isabel el 1°, quien le respondió en con una calma envidiable:

— Me ha costado mucho aceptar el presente de mi hijo en este presente de mi vida, no es lo que soñé para él, pero es lo que el sueña y quiere, y por eso lo amo, acepto lo que hace

Así respondió Isabel la del 1°, a lo que Hernán termino la charla con otro gesto despectivo e irrespetuoso para una mujer mayor.

 Es digno aclarar que Miguel, el hijo de Isabel paga de su bolsillo el alquiler del departamento en el que vivía con su madre fruto de sus labores de cibernauta. 

 Para rematar la semana ,Pablo no fue ajeno a las actitudes o desencuentros con el vecino del 4° y , el domingo vivió una escena bastante desagradable; que empezó con Hernán, tocando a la  puerta del departamento 3 de Pablo medio temprano para ser domingo y un tono no muy amigable le pidió que le baje el volumen al tele, es importante aclarar que los sábado a la noche y primeras horas de la madrugada del domingo que es cuando Pablo habitualmente maratonea  con alguna serie de tv; el enojo de Hernán era porque le molestaba el volumen del televisor de Pablo en sus habituales espacios de lectura del fin de semana.

  • Te pido y te imploro que respetes mis silencios y hagas de tu espacio de distracción, eso…” tu espacio y no el mío”, como veras tengo mejores gustos.

En este tono y con estas palabras le recriminaba Hernán a Pablo levantando un libro de novela en su mano derecha, a lo  que Pablo respondió:

  • Así como acepto y celebro que te apasione la lectura como esparcimiento, deberías aceptar y respetar que mis maratones televisivas me ayudan a desconectarme de la rutina laboral de la semana, bajaré el volumen de mi tele y vos baja el volumen de tu acusación, mas dialogo hermano!!!

La respuesta de Pablo fue clara a lo que Hernán dio por cerrada la charla no muy amistosa y tuvo la actitud de dar la vuelta y cerrar la puerta del 4° con un golpe.

Todo esto son algunas de las actitudes poco empáticas de estos últimos días de nuestro querido Hernán del 4°para con sus vecinos.

Esta historia, pretende ser un cuento corto, pero habría mucho más detalle al respecto de las innumerables y desagradables actitudes del cuarentón del 4°.

Pero volvamos nuevamente a nuestro foco de atención, ¡que es el extraño gesto Hernán con la invitación especial y la nota que le dejó por debajo de la puerta a Pablo?

 Pablo vuelve a leer la nota muy detenidamente, “esto es ideal para vos”, firmado  “tu vecino del cuarto” e inmediatamente sus ojos se zambulleron de lleno al  contenido de la invitación , lo primero que observó y reviso minuciosamente  que no  fuera una broma o algo de mal gusto, lo cual lo llevó a observar la calidad de confección de dicha invitación.

La Invitación Especial, rotulaba como título principal “Vení y Disfruta de la Intolerancia”,  con un subtítulo que decía “Boucher Categoría Exclusive” y más abajo tenía la siguiente leyenda.

“Sr. Pablo Escalante usted ha sido invitado por un alto miembro de nuestra comunidad para pasar unos días en un exclusivo y recientemente inaugurado destino turístico, es terapéutico y se llama “Villa La Intolerancia”, todos los gastos están cubiertos, dada su condición de primera visita y bajo las referencias de nuestro socio Hernán Cuadra.

Pablo acababa de descubrir ademas de la sorpresiva invitación, que su vecino del 4° era de apellido Cuadra, ademas sabía sin poder creer si lo que estaba leyendo era verdad o mentira o si toda la escena era parte de una mala pesadilla.

Pablo  siguió leyendo,  cada vez más atrapado en el contenido de la invitación, la que párrafo  aparte citaba lo siguiente,”….según estudios recientes de la Universidad de Harvard en conjunto con la ONU han demostrado que la intolerancia es una necesidad humana, que la sociedad se está perdiendo de sus beneficios y que estos nuevos lugares de esparcimiento, terapia y compresión le permitirían a todos, experimentar en su máxima expresión los beneficios que la INTOLERANCIA le aporta al ser humano camino al 2050….”

Pablo, se sentó en su sofá cama, la leyó una y varias veces más, al reverso de dicha invitación enumeraba e ilustraba en qué consistía la estadía que su vecino del 4° le había obsequiado. Dudó entre ir a llamarlo para pedirle una explicación, pero la escena bochornosa del domingo pasado por el volumen del televisor, lo acobardó y prefirió no repetir un mal trago. Volvió a leer la invitación y al pie de la misma aparecía junto al N°de Boucher un número de WhatsApp como reciente incorporación de esta red social a partir del 2035 , ingresando ese número de teléfono que aparecía en la invitación, podías hablar con un asistente virtual creado por IA el cual te mostraba en tiempo real las instalaciones del lugar de esparcimiento.

Pablo le preguntó al asistente virtual todo tipo de detalle para corroborar si todo era verdad y quedó perplejo cuando le mostraron su nombre, apellido y N° Boucher en la plataforma digital de ingreso a la Villa para dentro de dos días. 

Pablo sacó la vista de la invitación, intentó no mirar nada más y hacer una mirada en su interior y comprender la situación que lo embargaba en ese momento, era una rara mezcla de cansancio diario laboral, sumado a la apatía que le provocaba Hernán del 4°, la sorpresa de una invitación especial inesperada y las ganas de una pausa desconectante de un par de días. 

Inmediatamente, Pablo volvió a abrir el WhatsApp, fue al número antes indicado y sin titubear le dio clic al icono que decía “ACEPTO”.

Lo  que siguió después, fue investigar en la red un poco más sobre estas villas recreativas de “LA INTOLERANCIA” y vio con asombro que habían empezado a abrirse  en el 2030 con 5 villas de esparcimiento y terapia a lo largo del país y que en  la actualidad de este 2035 ya tenían 32 villas repartidas a lo largo y ancho del  territorio nacional,  las mismas eran financiadas por el gobierno nacional  con aportes de la ESCHIND GLOBAL SOLUTIONS, intentó indagar un poco más que  era esta organización , en ningún buscador legal de internet aparecía nada con ese nombre; lo que despertó aún más la curiosidad y se le ocurrió a Pablo buscar con los filtros necesarios para no ser detectado por los controladores estatales de navegaciones prohibidas, intentar en buscadores de internet ilegales no  autorizados y ahí  encontró que ESCHIND GLOBAL SOLUTIONS,  era una empresa subsidiaria de los gobiernos de Estados unidos, CHIna e INDia  (ESCHIND) para el desarrollo de soluciones de la patología humana.

A esta altura de los acontecimientos Pablo estaba más intrigado en su próxima estadía gratuita de terapia y esparcimiento largamente anhelada, que en  saber el origen los fondos y los porqué de las Villas La Intolerancia.

Lo que seguía era comunicarle a su jefe de recursos humanos de una posible licencia para dentro de dos días para aprovechar la invitación a este viaje, aquí Pablo se llevó la segunda sorpresa y era que antes de contarle los motivos de la  licencia al jefe de recursos humanos de la repartición pública para la que trabaja , el mismo jefe le entrego la autorización firmada de su licencia sin tener que Pablo  explicar nada, la licencia venia autorizada por los mandos superiores y con el  detalle de “ licencia por dos días para recreación terapéutica en Villa LA INTOLERANCIA”. Pablo quedo en una mezcla de asombro por lo que estaba viviendo y esperanzado por el disfrute en futuro muy inmediato.

La villa a la que Pablo había sido invitado era la más cercana a su domicilio, distante unos 150 km, lo cual daba la idea de nada estaba librado al azar. El viaje a la villa, Pablo lo realizo en su modesto auto biplaza chino eléctrico el cual llevaba pagadas 257 cuotas de un total de 500, que era parte de un plan al que tenía que suscribirse obligatoriamente por ser empleado público y que le descontaban con la misma obligación de su bono de sueldo, descuento que llevaba las siglas AOMA, Aporte Obligatorio al Medio Ambiente.

Llegó el día esperado y Pablo llegó cerca del mediodia a un lugar de ensueño. La Villa de la Intolerancia era bella, pulcra y perfectamente organizada. Al cruzar el arco de ingreso sus calles estaban impecables, sus dependencias relucientes y cada detalle parecía diseñado para transmitir una sensación de exclusividad. Sin embargo, desde el momento en que paso el ingreso, comenzó a notar algo extraño.

—¡Bienvenido a Intolerancia! —le saludó un funcionario pulcramente uniformado con una sonrisa impecable, pero en cuanto vio que Pablo vestía un buzo deportivo de las 3 tiras de color amarillo, su expresión cambió—. Lo siento, señor, pero en Intolerancia no permitimos el color amarillo. Por favor, cámbiese de ropa o será escoltado fuera de la Villa.

—¿El amarillo? Pero… ¿por qué? —preguntó Pablo.

—Porque genera demasiado optimismo y eso podría ofender a los ciudadanos más realistas. No queremos discusiones innecesarias sobre el estado del mundo.

Pablo, confundido y a la vez expectante por el inicio de su relajante estadía, se puso una campera para tapar el buzo amarillo y siguió su camino. Al llegar al hotel, el recepcionista le entregó un manual de convivencia.

—Por favor, tómese un momento para leerlo. Aquí en Villa La Intolerancia velamos por la armonía y el respeto a las normas establecidas. No queremos sorpresas desagradables. La última vez alguien se atrevió a silbar en público y todavía estamos lidiando con las secuelas emocionales de algunos residentes.

Pablo hojeó el manual y quedó atónito. Había reglas para todo: el tono de voz aceptable, la manera correcta de sentarse, los gestos que eran considerados inapropiados e incluso las palabras prohibidas. No podía decir “pero” porque generaba conflicto, tampoco “sin embargo” porque inducía a la contradicción. Al sentirse observado, cerró el manual y decidió ignorar la mayoría de las normas, esperando que fueran solo sugerencias.

Por la noche, al llegar al restaurante de la Villa, le asignaron una mesa para cenar, pero cuando pidió su plato favorito, el mesero lo miró con desdén.

—En Villa La Intolerancia no servimos comida con ajo. Nos resulta ofensivo para el paladar refinado de nuestros ciudadanos.

—Pero… ¿quién decide qué es ofensivo y qué no? —preguntó Pablo, extrañado.

—Las autoridades, por supuesto. Se han hecho estudios para determinar qué elementos pueden generar conflictos y se han eliminado por el bien de todos. También retiramos la pimienta, el picante y cualquier especia que pueda provocar reacciones innecesarias. Solo servimos comida insípida, es decir, segura.

Mientras las horas pasaban descubrió que en Villa La Intolerancia todo estaba estrictamente regulado según los gustos, creencias y preferencias de los residentes más influyentes.

No podía reír demasiado fuerte, porque molestaba a los amantes del silencio. No podía hablar de ciertos temas porque herían las sensibilidades de algunos. No podía caminar demasiado rápido porque ofendía a los que disfrutaban del paso lento, tampoco podía ir demasiado lento, porque irritaba a los que preferían la prisa.

Al día siguiente, Pablo decidió visitar un parque central para despejarse un poco, pero al sentarse en una banca, una mujer de aspecto distinguido se le acercó con gesto severo.

—Disculpe, señor, pero esa banca está reservada para personas con gustos minimalistas. Su chaqueta de colores vivos altera la estética del lugar. Nos esforzamos por mantener un ambiente visualmente neutro.

—¿Y si me la quito? —preguntó fastidiado.

—Lo siento, señor, pero su presencia también es un poco… estridente. Podría probar en el rincón de los visitantes provisionales, justo detrás del cerco alto, donde no molesta a nadie.

Pablo se levantó sin decir palabra y siguió caminando, sintiendo cómo la opresión del lugar se hacía cada vez más insoportable. Todo en Villa La Intolerancia parecía estar diseñado para proteger a las personas de cualquier posible incomodidad, pero en el proceso, lo único que lograban era privarlas de la espontaneidad, la autenticidad y la riqueza de la diversidad humana.

Todo esto llevó a Pablo a entender muy poco lo que estaba viviendo en ese momento, pero sin embargo empezó a entender cada vez más a su vecino del 4° y sus habituales actitudes.

Finalmente, desesperado por la absurda rigidez del lugar, Pablo decidió irse antes de que terminara su estadía. Al salir, vio una gran pancarta en la que se leía:

«Gracias por visitar Villa La Intolerancia, donde solo los nuestros son bienvenidos.

Mas abajo el cartel indicaba “La salida está a la izquierda… pero sin ofender a los que prefieren la derecha».

En el viaje de regreso, Pablo comprendió lo que realmente se estaban perdiendo todos los Hernán de la vida y que poco a poco serian habitués de Villa La Intolerancia: la alegría de la diversidad, la riqueza de las diferencias y la libertad de ser quienes somos sin miedo a ser excluidos.

Y así, con una sonrisa de alivio, prometió nunca volver a un lugar donde nadie fuese libre de ser distinto y aceptado como tal del mismo modo que Hernán del 4°, a partir de ahora el INTOLERANTE VECINO DEL 4°.

Todo esto que vivió, lo tomó por sorpresa y prefirió reflexionar y aprender. Pablo se sentó en un momento tranquilo de la tarde y escribió casi sin titubear

La intolerancia, disfrazada de orden y armonía como en la Villa del cuento, nos priva de lo que nos hace humanos: la diversidad de pensamiento como la que tenían Isabel y su hijo Miguel a la hora de definir qué futuro era mejor para el  joven, la libertad de expresión que tuvo Pablo al querer explicarle a Hernán que se puede convivir con diferencias de gustos de esparcimiento en este caso y la espontaneidad de la vida misma, como la que tuvo la joven Andrea al salir en  defensa de “pelusa” su  traviesa mascota. En el afán de eliminar todo lo que pueda ofender, terminamos viviendo en un mundo aséptico y sin matices como el de Hernán, donde el miedo a incomodar y que nos incomoden nos convierte en sombras de nosotros mismos. La verdadera riqueza de la humanidad radica en la capacidad de aceptar y convivir con lo diferente, en aprender de las discrepancias y en crecer a través del diálogo.

Si eliminamos la posibilidad del desacuerdo, también eliminamos la oportunidad de aprender.

La intolerancia no nos protege mas bien nos encierra; no nos fortalece, nos aísla.

Solo cuando abrazamos la diversidad con respeto y empatía, encontramos el verdadero sentido de la convivencia y la verdadera esencia de la libertad.

El presente de este cuento no está muy lejos, es dentro de 10 años y dentro del mismo cuento hay muchos absurdos que ojo, dentro de poco serán  realidad, obligación y habituales…..estamos a tiempo de cambiar!!!!

¿Estamos a tiempo?

Oraj Aple 🍎

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