
La crisis china que amenaza a Brasil.

Brasil, junto con China y Rusia, ha sido el gran protagonista de la cumbre del grupo de países BRICS que ha finalizado hoy en Johannesburgo. Y no sólo porque en 2025 el país latinoamericano asumirá la presidencia, sino porque el papel de Lula en estos días de negociaciones se ha dejado sentir sobre todo con China, que quiere transformar los BRICS en un bloque multipolar en clara oposición al G7 y a Occidente. Lula ha dicho que está dispuesto a abrirse a otros países (hay unos 40 en lista de espera, incluidos regímenes autoritarios como Venezuela, Bielorrusia, Cuba y Vietnam) pero a cambio quiere el sí de China a la entrada de Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU, una de las ambiciones más antiguas del presidente Lula desde sus anteriores mandatos.
En las mismas horas en que se celebraban reuniones y negociaciones en Sudáfrica, siempre con el doble registro de Lula y su asesor de política exterior Celso Amorim, el primero exigiendo reglas precisas para los nuevos países miembros, el segundo declarando que “primero se eligen los países miembros y luego los criterios”, llegaban desde Washington terribles noticias sobre la economía china. Uno de los gigantes inmobiliarios de Beijing, la constructora Evergrande, se declaraba en quiebra en Estados Unidos.
La economía del Dragón no sólo se está ralentizando, sino que está siendo golpeada por emergencias que amenazan con envolver al mundo entero, hasta el punto de que este será uno de los temas del evento de la Reserva Federal (FED), el Banco Central de EEUU, que comienza hoy en Jackson Hole (Wyoming) con el Parque Nacional Grand Teton como telón de fondo. Las crisis de Evergrande en Estados Unidos y del gigante Zhongrong International Trust inquietan no sólo a los inversores, sino también a los bancos centrales y, en primer lugar, a la Reserva Federal estadounidense. Por ahora la alarma está contenida, pero muchos expertos temen el efecto contagio. Y en riesgo está sobre todo Brasil, que tiene a China como principal socio comercial.
La crisis en la que se está hundiendo China, que recientemente se ha negado incluso a hacer públicas sus cifras de desempleo juvenil, ha sido bautizada como una crisis Lehman Brothers como la que sacudió el sistema financiero mundial desde Estados Unidos en 2008. En realidad, y esto explica por qué Brasil debería estar más preocupado que otros países, una posible crisis china no podría transmitirse al resto del mundo a través de los canales financieros porque Beijing no está suficientemente integrado en el sistema global. Por el contrario, los canales de transmisión de la crisis china podrían ser los precios de las materias primas y una posible caída de la confianza capaz de desencadenar una “aversión al riesgo” que podría hacer apreciar al dólar. A esto se añade el hecho de que el presidente Xi Jinping no es un experto en economía y, por tanto, sus recetas para resolver cualquier problema económico y financiero corren el riesgo de no tener efectos positivos según muchos expertos internacionales. Todo ello mientras en la cumbre de los BRICS Lula proponía introducir la moneda china yuan para las transacciones comerciales entre Brasil y Argentina. “No podemos depender de que un país tenga el dólar, de que un país ponga más dinero en el dólar y nos veamos obligados a vivir de la fluctuación de esa moneda. No es justo”, declaró Lula.
Además, en su viaje a China el pasado mes de abril, el presidente brasileño había subrayado la importancia de China para el futuro de la economía brasileña firmando acuerdos, según él por valor de 50.000 millones de reales, poco más de 10.000 millones de dólares cuyos detalles aún no han sido revelados. Pero todo esto corre ahora el riesgo de ser barrido por la crisis china que podría, como siempre ocurre en las crisis, reducir el consumo de carne brasileña, pero también de materias primas como la soja y el maíz, que se importan en grandes cantidades de Brasil y se utilizan normalmente como raciones para la producción porcina china, que también corre el riesgo de reducirse. Por no hablar de materias primas como el hierro, que Brasil exporta a China principalmente para el sector de la construcción, el más afectado por la crisis.



