Todos los gobernadores en contra de Milei

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Los gobernadores de las provincias decidieron rebelarse contra el gobierno.

Los gobernadores decidieron no estar de acuerdo con las medidas que está aplicando Javier Milei, decidieron derivar sus inconformidades directamente en la Justicia y el Congreso iniciando así una pelea por definir quién carga mayor peso de la reducción del gasto público.

La novedad más significativa que ocurrió en el conflicto que se inició por la retención a la provincia de Chubut de 13 mil millones de pesos de la coparticipación fue la adhesión de los mandatarios de la Patagonia a la amenaza que lanzó el gobernador Ignacio “Nacho” Torres de suspender el envío de gas y petróleo al resto del país si antes del miércoles no se devuelve esa suma. Fue una decisión que tomaron cinco de los seis gobernadores de las provincias del Sur, que proveen más del 80% de los hidrocarburos que se consumen en la Argentina.

La instrumentación de esa medida se haría mediante una huelga de sindicatos petroleros y de la construcción, con apoyo de otros gremios, organizaciones sociales, partidos políticos y piqueteros. La CGT ya avisó que apoyará las medidas de fuerza que se tome en el sur.

Pero no fueron los únicos que terminaron unidos por el espanto. Después de una semana de tensiones y pulseadas internas, los 10 gobernadores del PRO y de la UCR -la única dimensión donde todavía sobrevive la marca Juntos por el Cambio- firmaron una declaración conjunta de apoyo y solidaridad con Chubut y de reclamo al gobierno nacional para que “cumpla con la Constitución y envíe urgentemente los recursos coparticipables que le pertenecen a la provincia”.

El recorte a Chubut fue la chispa que encendió la pradera seca de provincias que se quedaron sin resto financiero. Desde diciembre vienen “quemando” recursos propios y fondos a cuenta, debido a la abrupta reducción de las transferencias de Nación. Se quedaron sin dinero para obra pública, sin el Fondo de Incentivo Docente, ni plata para subsidios del transporte, entre otras líneas de financiamiento que provenían de Buenos Aires. El panorama se agrava si se le suma que deben enfrentar una sensible caída de la recaudación propia, por una recesión aguda, combinada con alta inflación y salarios deprimidos. Un cóctel explosivo.

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