
A los niños generalmente los arrestan en sus casas. Decenas de militares asaltan en mitad de la noche la vivienda, a veces rompiendo la puerta, preguntan por el niño y entran al mismo dormitorio del menor con los fusiles a despertarlo para llevárselo”.

Tras la detención, los niños son llevados a centros de interrogatorio, donde no están acompañados de familiares ni de abogados.
«Allí son sometidos a tortura psicológica y a veces también física y donde muchos acaban confesando bajo presión delitos que no han cometido”, denuncia este especialista palestino en derecho humanitario.
Pero el Servicio Penitenciario de Israel (IPS, por sus siglas en inglés) “no están al tanto” de esas denuncias, y que los prisioneros y detenidos “tienen derecho a presentar una denuncia que será examinada exhaustivamente por las autoridades oficiales”.

Aunque la situación de menores palestinos ha sido objeto de estudio y de preocupación de varias organizaciones internacionales, como Save the Children o la propia UNRWA (agencia de Naciones Unidas para los palestinos).
Cuatro de cada cinco (un 86%) aseguran haber sido golpeados, un 69% denunciaron haber sido desnudados para ser registrados y casi la mitad, el 42%, fueron heridos en el momento de la detención, algunos de bala y otros acabaron con huesos rotos, de acuerdo con la investigación de la ONG publicada el pasado mes de julio.



