Historias de Pueblo, «Santa Rosa y la radio que nunca se apagaba»

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En una finca olvidada de Las Catitas, Santa Rosa, se cuenta una historia que ha pasado de generación en generación como un murmullo inquietante.

Allí vivía don Carmelo Rivas, un comisario retirado conocido por su voz grave y su costumbre de escuchar la radio a toda hora, incluso de madrugada. Su aparato favorito: una radio a válvulas Grundig, de los años 50, que ocupaba un lugar central en su cocina.

Tras su muerte, ocurrida en los años 90, la finca quedó vacía. Pero los vecinos —sobre todo los que vivían al lado— comenzaron a notar algo extraño: desde adentro de la casa, aún se escuchaban voces. Programas antiguos, tangos, y hasta partes policiales se oían como si la radio siguiera encendida.

Lo más perturbador fue cuando uno de los sobrinos del comisario, al ir a limpiar la casa, encontró el aparato desenchufado. Sin embargo, cada noche, a la misma hora, volvía a emitir un zumbido grave seguido de una voz que algunos aseguran haber reconocido como la de Carmelo, dictando mensajes cifrados o fragmentos de antiguas transmisiones policiales.

Varios técnicos fueron llamados para revisar el aparato. Lo desarmaron, lo limpiaron, incluso lo sacaron de la casa. Pero la radio —ya lejos de su dueño— nunca volvió a sonar.

Hoy, quienes conocen la historia la cuentan con cierto respeto. Dicen que el viejo comisario “no quería dejar su guardia”, y que su alma sigue patrullando las noches de Santa Rosa a través del dial de una radio que se niega a apagarse del todo.

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