
El espía ruso operaba bajo la fachada de traductor.

Alexander Verner, un ciudadano ruso que trabaja para el servicio de inteligencia militar del Kremlin -conocido internacionalmente bajo las siglas GRU- ingreso al país con un pasaporte Ruso y desarrolla sus actividades bajo la fachada de “traductor”.
En sus años en el país consiguió instalarse en la capital y hasta logro obtener documentación nacional. El ciudadano de 32 años figura registrado como monotributista Categoría B desde octubre de 2016 por lo que se presume que está en la Argentina desde entonces, aunque su CUIT figura actualmente como inactiva. Desde aquel año presenta pocos aportes a la Obra Social de los Empleados de Comercio.
Verner pasaba desapercibido y no estaba inscripto como empleado de la Embajada de Rusia en Buenos Aires. Para ello consiguió un trabajo lógico: traductor de ruso. Su último ingreso al país fue el pasado 27 de marzo. Aterrizó alrededor de las 7 y media de la tarde en Ezeiza en el vuelo TK15 de Turkish Airlines proveniente de Estambul con escala en el Aeropuerto de Guarulhos, en San Pablo. Turquía quizás refuerce sus controles si no quiere convertirse en un hub para los miembros del GRU. Verner también tiene una particularidad. Utiliza el mismo tipo de pasaporte que poseen otros miembros del servicio de inteligencia no oficiales del Kremlin.
Los años que estuvo el funcionario ruso en la Argentina también le valieron otra recompensa: consiguió que el estado le proporcionara un documento nacional de identidad. Verner no sólo mintió sobre su verdadera profesión, sino que incluso fraguó su documentación de origen para obtener el pasaporte y DNI argentino.
Como suelen hacer estos operativos, ingresan a cada país como rusos con pasaportes especiales emitidos por el GRU, una vez dentro, se presentan ante los registros estatales para conseguir documentos apócrifos. A las autoridades locales Verner les indicó que había nacido en Alemania, cuando en verdad lo hizo en Rusia hace 32 años. Los representantes alemanes en la Argentina ya deben estar averiguando cómo fue que el “traductor” fraguó una partida de nacimiento.
Todo esto llamo la atención por un caso similar. La historia de Verner recuerda el más reciente de los espías rusos detenidos en Eslovenia en diciembre pasado también con pasaportes argentinos. En aquel país europeo, Maria Rosa Mayer Munos y Ludwig Gisch fueron detenidos bajo cargos de espionaje. También pertenecían al GRU y se presume que tenían como misión contactar a otros agentes en aquel continente.
El matrimonio tenía dos hijos y habían llegado a la capital eslovena en 2017, un año después de que el traductor llegara a Buenos Aires. Aquella familia había adoptado otra fachada como profesión: una galería de arte y una start up de soluciones tecnológicas en todo Europa. Mayer Munos y Gisch vivían en la calle O’Higgins 2191 de Buenos Aires, a tan solo 28 minutos de la dirección principal de Verner. Se desconoce si entre ellos tenían algún tipo de lazo o si pertenecían al mismo grupo de operaciones en la región. Apenas convivieron un año en el país.
Al igual que sucedió con Verner, Gisch también mintió sobre su país de origen para emitir su pasaporte apócrifo argentino. Pero en lugar de indicar que había nacido en Alemania como el traductor, el “emprendedor” dijo que lo había hecho en Namibia. No se conoce todavía cuáles eran las actividades de Verner en la Argentina más allá de haber participado como traductor en papers en un importante think tank del país. Quizás su reciente visita con Turquía como último destino haya servido para recibir nuevas órdenes.



