
Desde 1997, la verdulería y mercado La Temporera se ha convertido en un negocio familiar reconocido por sus clientes en La Florida. Detrás de sus productos frescos existe una historia de sacrificio, trabajo constante y una enseñanza que pasó de generación en generación.

La historia de La Temporera comenzó con Pedro y su familia, pero sus raíces en el comercio vienen desde mucho antes. Por parte de su padre, la familia siempre estuvo ligada a este rubro. Desde los 8 años comenzó a trabajar y aprendió desde pequeño el valor del esfuerzo, la responsabilidad y la perseverancia. Hoy, a sus 62 años, recuerda que fueron las enseñanzas de su padre las que marcaron su camino como comerciante.
Sus primeros pasos estuvieron relacionados con la venta de sandías y melones. También trabajó como temporero durante distintas temporadas, experiencia que inspiró el nombre del local. Según cuenta Pedro, “La Temporera” nació por una canción que llevaba ese nombre y terminó convirtiéndose en la identidad de su negocio.




El camino para llegar donde está hoy no fue sencillo. Cuando comenzó tuvo que enfrentar momentos difíciles, pero siempre siguió adelante gracias a la constancia y perseverancia que su padre le inculcó. Entre los obstáculos que vivió estuvo el robo de un camión y una carreta, situaciones que pusieron a prueba su esfuerzo, pero que no lograron detenerlo.
Con la ayuda de su padre, quien le regaló un puesto de venta, y posteriormente comprando otro por sus propios medios, Pedro logró establecerse en La Florida y construir su propio negocio. Durante años trabajó intensamente, vendiendo incluso fuera de colegios y en fechas especiales como Pascua, cuando ofrecía pinos y arbolitos.
Con el paso del tiempo, La Temporera fue creciendo y ganando la confianza de sus clientes. Pedro destaca que actualmente tiene muchos compradores fieles y se siente contento por todo lo que ha construido. Su historia refleja que la inversión, el trabajo y la perseverancia fueron claves para alcanzar sus objetivos.

El espíritu comerciante también fue transmitido a su familia. Hoy sus hijos y su esposa Sandra trabajan junto a él, manteniendo vivo el legado que comenzó hace décadas. Sus hijas Coni y Elizabeth forman parte de este proyecto familiar, al igual que su hijo Pedro, quien ha recibido la responsabilidad de continuar con la tradición y mantener vivo el esfuerzo que dio origen a La Temporera.
Además, parte de este legado familiar también se extiende a quienes forman parte del equipo de trabajo, como Nacho, pareja de su hija Coni, y su sobrino Javier, quienes acompañan a Pedro en el día a día del negocio.
Pedro asegura tener un profundo cariño por su familia y uno de sus mayores deseos es dejarles una enseñanza que vaya más allá del negocio: transmitirles el valor del trabajo, la perseverancia, la responsabilidad y la importancia de levantarse frente a las dificultades. Para él, el verdadero legado no solo está en lo construido durante estos años, sino también en los valores que ha compartido con quienes lo rodean.




Más adelante, Pedro sueña con tener un terreno donde pueda descansar y disfrutar de una etapa más tranquila de su vida. También le gustaría seguir recorriendo Chile, especialmente conocer el sur del país. Ya tuvo la oportunidad de viajar a México, pero aún tiene lugares por descubrir dentro de su propia tierra.
Al recordar su trayectoria, Pedro asegura sentirse orgulloso de todo lo que ha logrado y de haber superado cada una de las adversidades que aparecieron en el camino. Su historia representa el valor del trabajo, la perseverancia y la capacidad de levantarse una y otra vez.
La Temporera no solo es una verdulería y mercado: es el resultado de una vida dedicada al comercio, una familia unida y un legado construido con esfuerzo durante 29 años.



