
A las 9.53 de aquel lunes 18 de julio de 1994, explotaba un coche bomba sobre la sede de la mutual israelí en Pasteur 663, en Capital Federal. El ataque terrorista dejó 85 víctimas y más de 300 heridos. Casi tres décadas después, sigue sin haber culpables.

Excusas de todo tipo. Justificaciones como «el sistema lento de justicia que tenemos en la Argentina», dicho por propios integrantes de ese sistema. El atentado a la AMIA se produjo un día como hoy, hace 28 años atrás: pero no hay responsables.
Ni siquiera las causas del ataque quedaron claras: para Carlos Menem, presidente por aquel entonces, fue motivado por ser el único mandatario que visitó Israel. Otros sectores señalaron el hecho de haber apoyado a la coalición que lideró Estados Unidos en contra de Irak, en la Guerra del Golfo.
Lo cierto es que, para la memoria y las familias de los 85 fallecidos, no hay paz. Tampoco para los más de 300 heridos, para los cuales la vida no volvió a ser la misma. Sólo resta hacer lo que hizo el actual presidente de AMIA, Amos Linetzky: el pedido pacífico de «seguir la tradición de hacer oír juntos nuestra voz y exigir justicia y castigo a los culpables y responsables del atentado».




