
Estefanía Banini, Julieta Cruz y Chiara Singarella tienen distintas edades y, lógicamente, cualidades que las distinguen. Pero también la misma pasión y puntos de conexión en sus historias.

El fútbol femenino de Mendoza puede explotar de orgullo. La lista mundialista de Germán Portanova tiene a tres futbolistas nacidas en la provincia, con lo que eso significa en un contexto tan amateur y donde, más allá de todos los avances, todavía hay mucho por hacer. A pocos días de la cita de Australia-Nueva Zelanda, las historias de Estefanía Banini, Julieta Cruz y Chiara Singarella emergen y se dan a conocer como nunca.
De Banini se sabe mucho en el ambiente futbolero: durante largos años no sólo fue la máxima exponente mendocina, sino también una figura nacional en el exterior. Después de su iniciación en tierras mendocinas, pasó por Colo Colo, Washington Spirit (Estados Unidos), Valencia, Levante y Atlético Madrid (los últimos tres, de España).

Durante su formación, la volante creativa tuvo que lidiar con algo que también le sucedió en General Alvear a Julieta Cruz: no poder jugar torneos importantes ante el poco desarrollo del fútbol femenino, a la vez de la negativa de jugar con varones. “Yo solo quería jugar, no era demasiado consciente de la discriminación que sufría”, contó Banini en varias entrevistas.
El punto de conexión con Cruz es muy simular. En el sur provincial, la rama femenina estaba lejos de contar con una competencia estable. «Qué te pensás, que tu hija va a ser Maradona», le dijeron a Alejandra Navarrete, la mamá de Juli, cuando luchaba porque le permitieran jugar con varones en el fútbol infantil.

Unos visionarios aquellos dirigentes: no llegó a ser Maradona, pero sí una de las pocas futbolistas que podrá decir que jugó en River y en Boca (con las Gladiadoras ganó todo) y que, además de la última Copa América, ahora jugará un Mundial con Argentina. Antes, Cruz y su familia se las ingeniaron para que, mientras alternaba sus partidos y entrenamientos de básquet, viajara a jugar algunos torneos, por ejemplo con Huracán Las Heras.
Cruz y Chiara Singarella también se conectan en un detalle no menor: su pasión por otro deporte. La habitual lateral derecho amaba también el básquet, como Singarella lo hacía conel Handball. La más joven de las mendocinas convocadas llegó a jugar en la Selección Argentina de Balonmano y, llevado el momento, tuvo que tomar la decisión de inclinarse por una de las dos disciplinas.

La pasión por el fútbol pudo más, siendo también una decisión de vida, ya que se fue reclutada por la Kennesaw University de Estados Unidos.



