
La sensación de bienestar físico, mental y espiritual está relacionado con la felicidad, y con ello las personas importantes de nuestra vida como son los amigos.

Muchos la ven como una meta y no como un proceso o un sentimiento que emerge de vez en cuando, al ser conscientes de la inmensa suerte que tenemos de estar donde estamos. Cada uno tendrá su propia definición de lo que significa, pero sin duda alguna, cuando intentamos imaginar escenas felices, será muy probable que a nuestra mente vengan recuerdos de seres queridos.
La vida merece la pena compartirla con las conexiones sociales más profundas, familiares y amigos. En definitiva, lo más importante para ser feliz son forjar relaciones sociales positivas con los demás.
Esto no solo nos brindará un bienestar psicológico que muchos identificarán con la felicidad, sino también una vida más saludable.
Ahora bien, no todas las amistades son iguales: algunas son más intensas y otras más ligeras;unas se mantienen sin tampoco la necesidad de tener un contacto real y cotidiano y otras aparecen de repente tras haber compartido el mismo tiempo y espacio.
Podemos definir tres tipos de amistades, a continuación:
Las amistades útiles. Estas son las que surgen entre compañeros de trabajo o gente con la que tienes algún tipo de contacto profesional. Las de «servicios públicos», es decir, las que surgen gracias a un interés profesional compartido y más o menos simétrico.
Las amistades placenteras. Este tipo de relación se basa en una admiración mutua porque cada persona obtiene un tipo de placer a costa del otro. Aparece cuando una persona encuentra a un amigo divertido e interesante y disfruta con él.
Las amistades perfectas. Son aquellas que tienen un amor mutuo por algo que no solo les une, sino que les confiere algún tipo de virtud. «Una relación es perfecta no solo cuando se basa en la utilidad o el placer del otro, sino cuando se centra en mejorar las circunstancias de la otra persona».
Aunque a estas últimas lleven un adjetivo tan potente como «perfectas» eso no quita que sean más importantes que las otras dos, pues las tres son necesarias para obtener bienestar en la vida. Lo único es que las dos primeras «no brindan alegría ni consuelo duraderos».
Necesitamos amistades útiles y placenteras, no podemos arriesgarnos a tener conflictos, conversaciones difíciles o momentos íntimos con ellas. Es por ello que las amistades ‘perfectas’ son las verdaderamente necesarias en la vida. A menudo presentan un amor compartido por algo externo a ambas personas, ya sea trascendental, como un deporte, o simplemente un hobbie, pero, en último término, no dependen del trabajo, del dinero o de la ambición personal».



