
La Municipalidad impulsa junto al sector privado la Indicación Geográfica del aceto balsámico de Maipú, un proyecto que transforma una variedad en crisis en una oportunidad de agregado de valor real para pequeños productores.


La uva criolla lleva años perdiendo espacio en el mercado vitivinícola tradicional. Pero en lugar de dejarla a un costado, la Municipalidad de Maipú —junto al sector privado y coordinada técnicamente por el ingeniero Alfredo Baroni— está trabajando para convertirla en materia prima estratégica de una industria en alza: el aceto balsámico de calidad diferenciada.
El proyecto avanza en la obtención de la Indicación Geográfica (IG) del aceto balsámico de Maipú ante el Ministerio de Agricultura de la Nación. Más que un trámite, la IG es la llave para construir una marca territorial que proteja el producto, garantice calidad y abra mercados nacionales e internacionales donde crece la demanda de alimentos premium con origen certificado.



Mientras Maipú se posiciona como capital del aceto balsámico argentino, la uva criolla —durante años relegada— empieza a encontrar un futuro en una industria con enorme potencial de crecimiento.



