
Los ataques rusos amenazan con dejar sin alimento a quienes dependen de los granos ucranianos.

La empresa agrícola Ivushka solicitó la acreditación para exportar granos este año, pero el ataque de mediados de julio destruyó gran parte de sus existencias, días después de que Rusia abandonara el acuerdo de granos que había permitido los envíos a través del Mar Negro sin temor a sufrir un ataque.
Desesperadamente se trató de recuperar los granos barriendo los que no estaban quemados, formaban montones y esperaban la pala cargadora, cuyo conductor maniobraba hábilmente —a pesar de su parabrisas destrozado— entre metralla de metal retorcido, fragmentos de misiles y cráteres. Esperaban terminar antes de que cayera la próxima lluvia para rescatar lo que quedaba de la cosecha.
Según la Oficina del Fiscal Regional de Odesa, Rusia atacó las instalaciones el 21 de julio con tres misiles de crucero de clase Kalibr y Onyx. Pero Ivushka no fue el único blanco en Odesa. El puerto principal también fue atacado, paralizando a las compañías navieras del Mar Negro, las cuales dependían de la Iniciativa de Granos del Mar Negro para mantenerse a salvo y a los suministros de alimentos fluyendo hacia el mundo.
Ucrania, un destacado proveedor de maíz, trigo, cebada y aceite vegetal, envió 32,9 millones de toneladas de granos bajo el acuerdo de casi un año, diseñado para aliviar una crisis alimentaria mundial. Ha podido exportar entre 2 y 2,5 millones de toneladas adicionales mensualmente por el río Danubio, por carretera y por ferrocarril a través de Europa.
Esas son ahora las únicas rutas para exportar granos, pero han incitado divisiones entre los países europeos cercanos y generado costos más altos, que deben ser absorbidos por los agricultores ucranianos.



