
En el silencio de los cerros, vivimos el tradicional vía crucis de semana santa que invita a mirar hacia adentro.

Caminamos hacia el Cristo Rey, acompañando cada estación con introspección y fe. Fueron miles las familias y turistas que se sumaron a este camino, entendiendo que no es solo una tradición, sino un momento para detenernos, pensar y renovar lo esencial.




Cada paso tuvo su significado. Cada mirada, cada gesto, habló de comunidad, de encuentro y de esa espiritualidad que nos une más allá de las palabras.
Al llegar, el abrazo colectivo se hizo presente: en la sopa compartida, en el respeto, en la calma. Y más tarde, la Música Clásica volvió a llenar de emoción nuestro valle, elevando aún más este Viernes Santo tan especial.




